EL ARTESONADO.

¡Qué bonico detalle de los tirantes labrados con esmero por los carpinteros y artistas mudéjares! A mediados del siglo XVI ya soportaban el peso de la techumbre de nuestra iglesia.

 

En la siguiente, la panorámica de casi toda la nave central, emociona la mirada al pensar en la cantidad y calidad de almas que han rogado a Dios, tanto moriscas como cristianas sobre el suelo que cubre el techo mudéjar.